Estas cosas no deberían pasar. Despertarme a las 7 am y pisar un sorete de perro, blando y pastoso, con el pie descalzo. No para empezar el día. Caminando a saltitos hasta el baño, dejando a mi paso huellas marrones, evidencia de cada vez que mi pie intento apoyarse en el piso. Ducha, sorete licuado en agua yéndose por el desague. Bien. Se van despegando los restos de mi pie. Córtase el agua. Si. El agua no volvió, y en ese estado semilimpio quedé. Decidí oler mi pie para detectar el estado del asunto. Hum, regular. Pensé planes de acción. Papel higiénico, jabón. Todo eso junto, seco. Me rocié con desodorante los pies, quedo medio un pasticho pero seguí adelante.
Volver al cuarto para vestirme, rodear la cama con la toalla en el cuello y sentir mis pies mojados repentinamente fue un brevísimo instante. Miré hacia abajo y confirmé mi temor: meo. Charco.
Vacilé en mi ínfima lucidez madruguera. Me vuelvo a dormir hasta el día siguiente? Estoy con el pie empapado en meo con base de sorete licuado semiseco. Voy otra vez hasta el baño? Pisaré alguna cosa más en el camino? La mas básica Ley de Murphy indicaba que el agua no habría vuelto. Dejarme llevar, buscar un cuchillo? Cortar en trozos a Killer y venderlo como materia prima a una cadena de hamburguesas? Continuará.
Mentira, quería probar lo del suspenso. La decisión estaba tomada, y dedidí encarar el problema de frente. O hacia abajo, porque caminé hasta el baño esquivando todos los restos de Killer, muy atento. Llegué hasta la ducha sin nuevos enchastres. Punto a favor. Era el gran momento. Abrí la canilla poniendole fe al asunto, a fondo. Silencio. Fushhhh, agua, lluvia, a pleno. Siiii, si, si, mi señor no me abandona. La pesadilla madruguera es pasado. Corrí la cortina y contemplé el chorro de agua tibia, la limpieza, el inminente bienestar y placer frente a mis ojos. Todo mío.
Los jabones estos de glicerina, serán muy saludables pero se ponen como transparentes cuando se van gastando. Y esa cualidad los puede convertir en una trampa mortal, lo cual no es para nada saludable. Digo, la muerte. En fin, acabo de despertar. Por suerte, al día siguiente. Y podía haber muerto ahogado, vamos, que como venían las cosas. Excelente día, pensé.