Recuerdo perfectamente que todos en la sala cantaban esa y acompañaban con palmas, todas ellas a destiempo. Aunque esa falta del mas primario oido musical me provocaba escozor y taladraba mi cerebro, ese día no me importaba en lo mas mínimo. Como tampoco me importaba que mi madre me hubiera dejado el pelo platinado. Dijo que le habían recomendado no se que formula con alcohol para quitarme los piojos, lo confundio con agua oxígenada, y el resultado es el que ven.
Amiguito que Dios te bendiga decían, y yo ya avanzaba desde la cocina por el pasillo, rumbo a la mesa. A medida que me acercaba a la sala (de donde venían el cantito desganado y las palmas irritantes), mas feliz me sentía. No me importaba nada. Ya estaba entre los parientes rodeandome y tirando manotazos a mis cachetes. Al final del camino, entre los niñitos que no dejaban de mirar mi torta, mi madre con su peinado y su cuchillo en la mano, esperandome con su gran sonrisa. Yo con mi gran sonrisa tambien. Yo la conocía y ella a mí. Los dos sabíamos que el otro era capaz de las peores cosas, y sabíamos que nos las perdonaríamos siempre también. Tres años! Como no estar feliz. Decidí usar el regalo que me hizo mamá y mande a visitar a los dioses a tres parientes, bang, bang, bang!
Fue un estupendo cumple.
Feliz feliz en tu día
octubre 31, 2008 por brian erasmus